Tras los dos potentes terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 que sacudieron el norte del país hace diez días.
Las autoridades actualizaron el balance oficial e informaron que la cifra de víctimas asciende a 2.954 personas fallecidas y 16.592 lesionadas, mientras los organismos de socorro mantienen las labores entre los escombros con la esperanza de localizar a más personas, aunque las posibilidades disminuyen con el paso de las horas.
La Guaira sigue siendo una de las regiones más afectadas por la tragedia. En ese lugar, maquinaria especializada trabaja de forma permanente retirando toneladas de concreto y estructuras colapsadas, mientras decenas de familias permanecen en los alrededores esperando recuperar a sus seres queridos.
Varios equipos internacionales de búsqueda y rescate ya finalizaron sus operaciones y comenzaron su regreso a sus países, luego de apoyar durante varios días las labores de atención de la emergencia.
El desastre también ha dejado a miles de personas sin vivienda y severos daños en hospitales, carreteras y otras obras de infraestructura.
Organismos internacionales han manifestado su preocupación por las condiciones en los refugios temporales y por los riesgos sanitarios que podrían presentarse en las próximas semanas.
Venezuela enfrenta ahora uno de los mayores desafíos de su historia reciente, en medio del dolor, la incertidumbre y el enorme esfuerzo que demandará la recuperación de las zonas devastadas.










